Ciencia a la cubana y el legado de Fidel

06.12.2016 13:01

Ciencia a la cubana y el legado de Fidel

Por Rafael Palacios Bustamante

 

Después de la muerte de Fidel de todo se ha dicho. De todo el lado negativo de la historia de Cuba siempre ha existido algo que difícilmente cuesta negar con tanta fuerza, y eso ha sido la ciencia. Desde la llegada de la "revolución" hasta el presente se ha querido asociar los resultados de la ciencia cubana con el discurso hecho por Fidel Castro en 1960 cuando dijo: "El futuro de nuestro país tiene que ser necesariamente un futuro de hombres de ciencia". Algo de cierto tiene este discurso, cuando se revisan y analizan los resultados de hoy.

Aun cuando existe un muy limitado desarrollo de la sociedad cubana, es imposible no reconocer que ha habido un esfuerzo importante en una isla con una población de menos de 12 millones de habitantes de tener a disposición cerca de 850 investigadores por millón de habitantes, cifra esta que no está muy lejos del promedio que tienen países con más de 40 millones de habitantes. Tampoco se puede dejar de reconocer que la ciencia cubana en el campo de la nanotecnología y la biotecnología está mucho más avanzada y ha generado mejores resultados en lo económico y social en comparación con el resto de los países de América Latina (a excepción de Brasil), que invierten por encima del 0,6% en ciencia y tecnología.

Una investigadora uruguaya muy reconocida Judith Sutz en una de sus conferencias refiriéndose al estado de la ciencia en Latinoamérica, reconocía que la capacidad de inventiva de la región en un contexto de restricciones presupuestarias y de infraestructura es mucho mayor, cuando se compara con la capacidad inventiva de países industrializados donde estas restricciones se presentan en mucho menor grado. Y es así, si algo debe reconocerse del legado de Fidel Castro es que los “hombres de ciencia” de los que él se refería, son aquellos quienes han pasado toda su vida superando obstáculos con escaso acceso a Internet y a quienes no se les dio otra alternativa que la de desplegar sin límites la capacidad inventiva a través de la audacia, la astucia y de una capacidad administrativa de control del gasto suprema para llevar a cabo cuidadosamente experimentos y hasta de reciclar artículos científicos. La compra de animales de otros países para realizar experimentos la han tenido que hacer los propios científicos pidiendo “colas” en barcos para traerlos hacia la isla.

En medio de tamañas restricciones han ocurrido otras cosas, que a estas alturas no dejan de ser acontecimientos. La salud como principio humano y en donde el Estado está obligado a garantizar las políticas, las instituciones, los instrumentos y el presupuesto se ha convertido a lo largo del tiempo en el "bastión" de la ciencia cubana, con una particular actuación en modo capitalista y manifestada cuando se realiza y se expande el negocio de medicamentos en diferentes países. Y es partir de allí donde la investigación científica, por ejemplo, en el área de la biotecnología ha hecho que Cuba posea ahora unos de los institutos en esos campos más reconocidos de toda la América Latina como es el CIGB y el CIM. Con la intervención de estos centros de investigación Cuba ha despegado una estrategia de crecimiento económico basado en la producción de anticuerpos monoclonales para el tratamiento de anemia y cáncer. También, han elaborado medicamentos como la eritropoyetina recombinante producida a nivel industrial para mucho más de 300 millones de habitantes.

Por lo tanto no sorprende que detrás del interés de Estados Unidos en reestablecer las relaciones con Cuba (Publicado en El Nacional/ 12-05-2015), está el potencial económico que significa vincular capacidad científica y negocio con la isla. A Cuba le resultaría significativamente rentable tener un mercado farmacéutico amplio en Estados Unidos. Por ejemplo, la comercialización del Heberprot-P (medicamento cubano producido por el Centro de Ingeniería y Biotecnología de Cuba) es utilizado para tratamiento de úlceras de pie diabético. Esta patología que es muy relevante en la salud pública en Estados Unidos es también causa de una amputación cada 30 segundos a escala mundial.

Todo esto confirma que aún con todas las restricciones y el efecto negativo de la ideología comunista en el avance de la ciencia, ha habido en tiempos de los Castro un entendimiento y un pacto nacional mínimo entre los actores de la “revolución cubana" sobre el valor de la investigación científica para el futuro, y también para un escenario probable donde las barreras económicas sean menores.

La ciencia cubana no es “democrática” pero sí es efectiva. Fidel Castro Díaz-Balart, hijo mayor de Fidel Castro y quien además ha sido asesor científico y vicepresidente de la Academia de Ciencias de Cuba, fue empujado por su progenitor para que llevara la energía nuclear a Cuba y ahora con apoyo de su tío creara el Centro de Investigación de Desarrollo Nanotecnológico, el cual trabaja conjuntamente con una visión estratégica en el área con el Instituto de Ciencia y Tecnologías de los Materiales (IMRE), el Centro de Investigación y Desarrollo de Medicamentos (CIDEM), el Centro de Inmunología Molecular y el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología.

Queda claro que la ciencia cubana en un escenario de menos restricciones económicas sería otra, mejor que la que es y mucho mejor que la que tienen muchos otros países. Sobre todo, queda claro que la direccionalidad de una política de Estado en manos de los comunistas, socialistas o capitalistas no puede negar que la investigación científica y el desarrollo tecnológico es el imperativo de largo plazo para la supervivencia en la economía. Y esto ocurre mientras muchos países con muchos más recursos que Cuba están abriendo el foso para enterrar el poco conocimiento y la poca capacidad innovativa que queda.