Corrupción y recuperación de capitales para la ciencia

04.07.2017 12:38

Por Rafael Palacios Bustamante

Así como los problemas de libertades económicas y políticas, de legalidad y de libertad de expresión, también la corrupción se convierte en una de las interferencias políticas estructurales para el desarrollo de la ciencia. Tomando en cuenta el último Índice sobre Percepción de la Corrupción realizado por Transparencia Internacional, países como Dinamarca, Nueva Zelanda, Finlandia, Suecia, Suiza, Noruega, Singapur, Países Bajos, Canadá y Alemania son los 10 primeros de los 166 países considerados como los menos corruptos. La mayoría de ellos son los más democráticos y en donde la institucionalidad resulta ser una muy significativa estructura de equilibrio entre la demanda y la oferta política y la cultura política con el respeto a los derechos y deberes ciudadanos.

En estos países la corrupción ha tenido menor alcance y mayor capacidad de control, y justamente es allí donde se logra observar el mayor nivel de desarrollo generacional para la adaptación de tecnologías y la modernización tecnológica. También se observa la mayor capacidad innovativa mundial, y por lo tanto una de las más altas tasas de inversión en ciencia y tecnología. Esto incluye además a países como Gran Bretaña, Estados Unidos, Irlanda, Australia, Japón y Corea del Sur. De acuerdo con el Índice de Competitividad Global 2016-2017 elaborado por el Foro Económico Mundial son todos estos países los que poseen la mayor capacidad competitiva mundial.

En América Latina, se observa un caso similar en países como Uruguay, Costa Rica y Chile. Además de ser estos parte del grupo de países con mayor democracia en el mundo, forman también parte de los primeros 50 países que poseen mayor control de la corrupción (Uruguay 21, Chile 24, Costa Rica 41). Luego aparecen Cuba (60), Brasil (79), Panamá (87), Colombia (90), Argentina y El Salvador (95). En los últimos lugares se encuentran países como Haití (159) y Venezuela (166) acompañados de países con dictaduras y con una de las más altas tasas de pobreza del mundo como son los casos de República Centroafricana, República del Congo, Angola, Siria, Corea del Norte, Sudán del Sur y Somalia. No es casual que este grupo de países posea uno de los más altos niveles de rezago tecnológico, cuando son medidos por su capacidad innovativa.

Países como Uruguay, Costa Rica y Chile pertenecen al concierto de naciones que invierten más en ciencia y tecnología y que además han logrado posicionarse de forma importante en el rango de competitividad mundial en los lugares 33, 54 y 70 respectivamente, de un total de 138 países. En estos tres países latinoamericanos es también observable los esfuerzos para desarrollar tecnologías limpias y a través de ellas generar nuevos patrones de crecimiento económico. Sus inversiones en este campo son significativas en comparación con la inversión mundial que realizan China, Estados Unidos, Canadá, India, Alemania, Suecia, entre otros. Aquí lógicamente habría que incluir a Brasil y México.

Algunos estudios científicos recientes como el que desarrolló Alina Mungio-Pippidi, investigadora de la Hertie School of Governance de Berlín, han contribuido a profundizar más sobre la relación entre la capacidad y la potencialidad innovativa y la corrupción. Y es que ciertamente, en los países donde no existe cultura política sobre los asuntos de la ciencia y la tecnología y mucho menos cultura de innovación, confianza, capacidad de experimentación, inversión de capital de riesgo por parte del Estado y del sector privado y poco espíritu de colaboración y de aceptación de la diversidad, allí es en donde cohabitan la desconfianza, la búsqueda de atajos, los menores esfuerzos para la creatividad y la experimentación, la violación sistemática de las normas y la legalidad, la indiferencia, la poca colaboración y la falta de meritocracia. Esas son las características de los países donde se observa poca transparencia y alto nivel de corrupción.

También están aquellos países que aún teniendo un nivel de corrupción no muy alto, pero que a todas luces es alarmante han logrado un desarrollo científico, tecnológico e industrial muy significativo. Estos países se encuentran amenazados por un aumento recurrente de casos de corrupción, el cual está impactando negativamente en los esfuerzos del Estado para la inversión y la recuperación económica. Tales son los casos recientes de los Panamá Papers y Bahamas Leaks, así como la corrupción de la constructora Odebrecht en 10 países de América Latina y asimismo los distintos sobornos descubiertos en la región calculados en más de 730 millones de dólares.

La retribución de 3.500 millones de dólares que haría Odebrecht a los países en los que fue acusada de corrupción es una acción que, vista desde una política de recuperación de capitales, conformaría un ejemplo que se acercaría a cómo se podría invertir el dinero mal habido y luego recuperado en desarrollo y crecimiento para la economía y la inclusión. Recuperar grandes capitales, cuya suma podrían alcanzar gran parte del presupuesto anual dedicado a la inversión en ciencia, investigación e innovación es una tarea necesaria y urgente.