Mirar a Venezuela en postsocialismo

20.11.2018 16:14

Por Rafael Palacios Bustamante

Tanto el conjunto de datos como los múltiples análisis que vienen generándose sobre los factores que influyen en el crecimiento económico global dan cuenta de la retórica del debate político y las acciones gubernamentales que se vienen observando respecto a la migración. De acuerdo con el análisis de los datos actuales sobre innovación global, si en efecto los países desean aumentar y optimizar sus capacidades científicas y tecnológicas, deberán aprovechar el potencial de la migración. Uno de los hechos más recientes que ha vuelto a movilizar la opinión pública en Europa a raíz del brexit ha sido la discusión política en Gran Bretaña sobre la reducción de la migración, sobre todo, cuando es conocida la importancia que tienen los migrantes en esa economía. Solo los europeos aportan más de 2.300 millones de dólares al año. También existen antecedentes que refutan las políticas antimigratorias que se basan en considerar la migración como una carga financiera excesiva al presupuesto nacional.

Algunos datos sobre este asunto han reflejado que tanto los refugiados como los migrantes han beneficiado la economía de los países europeos dentro de los cinco años posteriores a su llegada; la economía se ha fortalecido y la tasa de desempleo ha bajado. Por ejemplo, muchos de los migrantes que huyeron de la guerra de Yugoslavia en la década de los noventa y un número altamente significativo de solicitantes de asilo de países como Siria mejoraron de forma importante sus condiciones de vida. Asimismo, ello ha impactado de forma positiva en el PIB nacional y en el aumento de la recaudación de impuesto. Aun cuando pudieran existir componentes de valoración económica negativa, como la carga financiera excesiva nacional, el efecto positivo general de la migración en el aumento de la demanda del mercado y aumento de los servicios es irrefutable; y ello se ha constatado en un importante número de países europeos como: Austria, Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Alemania, Irlanda, Islandia, Italia, Países Bajos, Noruega, España, Suecia, Portugal y el Reino Unido.

II

Si algo no se puede negar sobre los efectos de la economía de la innovación en la política es el hecho de que la migración se ha convertido en uno de los principales factores que deciden la orientación política y, en consecuencia, las elecciones presidenciales. Esta tendencia parece no debilitarse en los próximos años. La dinámica que ha tomado la economía de la innovación está generando indirectamente una nueva efervescencia nacionalista amparada en la pretensión de que “la sociedad debiera ser en muchas cosas como era antes”. No obstante, aquí está el gran reto de la política actual, y es justamente el de poder garantizar la transición y fortalecer la economía de la innovación; haciendo ver que la sociedad y la economía de hoy es otra y que la composición y la fuerza motora del conocimiento en la economía solo es posible sostenerla bajo la acción política de la pluralidad, la transdisciplinariedad y la rotación y colaboración internacional del talento humano.

Uno de los países que ha dado un paso adelante en medio de una gran incertidumbre ha sido Suecia. Este país, en medio de la retórica política reciente, no puede dejar de reconocer que su crecimiento económico de los últimos años se ha debido fundamentalmente al impulso de los migrantes. El PIB ha crecido más de 3% e incluso ha crecido más rápido que el experimentado por la zona euro (2%). Un efecto positivo de la migración en ese país ha sido el reimpulso de la producción industrial y el fortalecimiento de la política nacional en el campo de la digitalización.

El caso de Suecia tiene referentes anteriores y uno de ellos de gran relevancia ha sido el de Estados Unidos. Según estudios del Instituto para la Investigación de la Inmigración de ese país, poco más de 28% de los médicos y cirujanos son extranjeros. Los estudios biomédicos y los avances de la investigación en áreas como el cáncer han sido fundamentalmente el resultado del esfuerzo científico proveniente de la migración. Reportes de la National Foundation for American Policy han confirmado que 42% de los principales centros de investigación relacionados con el cáncer están constituidos por personas nacidas en el extranjero. Otras cifras importantes pueden verse en los reportes de la National Science Foundation y el National Center for Science and Engineering Statistics, según los cuales el número de residentes científicos e ingenieros es superior a 29 millones de personas. De ellos, más de 5 millones son migrantes. 17% de la obra calificada en ciencia e ingeniería está representada por migrantes. Hasta 2013 se conocía que 57% de ellos había nacido en Asia, 16% en Europa, 20% en América Latina, 6% en África y cerca de 1% en Oceanía.

III

En este escenario en que se desenvuelven por un lado la migración global y por el otro la economía de la innovación, el pensamiento y la acción política nacional e internacional frente a la realidad del déficit democrático y el deterioro económico, social, moral y cultural no puede ser orientado solo bajo la noción de la ayuda humanitaria, la alianza internacional para el diálogo político, entre otros. Y una de las razones para argumentar esto es que, sobre todo en los países socialistas, el tiempo para que ocurra un cambio de régimen político a otro no es fácilmente predecible y mucho menos es predecible el tiempo para lograr un cambio ideológico estructural. Y mientras el proceso de cambio ocurra, el país seguirá sumergido en una realidad cuyos efectos negativos son incalculables.

No tanto alarma el número de migrantes venezolanos que han abandonado el país en los últimos cuatro años, como el conjunto de capacidades humanas científicas y tecnológicas que se han esparcido fuera de las fronteras y que además corren el riesgo de dislocarse con mayor fuerza del entramado que significa la innovación y la capacidad innovativa nacional, al no poder generar de forma sostenida y sistémica nuevo conocimiento. Los efectos negativos que ello significa para la construcción de una Venezuela postsocialista no son precisamente los puntos de la agenda política ni al interno ni al externo del país.

Gran favor harían al problema político venezolano si tanto la opción política interna de cambio como el sistema internacional se reinventaran con el propósito de atender la complejidad de este problema. No será un asunto fácil responder con eficiencia política los asuntos relacionados con la fuga y absorción de capacidades humanas de innovación, pero parece razonable hacer este debate. Y parece además razonable, porque es una opción clara hacia la construcción de una propuesta-país de cara al futuro. No habrá en Venezuela menos desempleo y menos inflación o más servicios y mejor producción en ausencia de una base política estratégica nacional e internacional que disminuya la dispersión y el rezago del conocimiento local.