“Pacto nacional” por la ciencia ecuatoriana

14.03.2017 16:17

Por: Rafael Palacios Bustamante

La posición crítica y poco convincente del candidato opositor Guillermo Lasso respecto a la política de educación, ciencia y tecnología que ha venido implementando el presidente Correa junto al conjunto de especulaciones sobre su intención de desaparecer la Senescyt, más allá de ser una oferta política opositora, lo que señala es la continuación en el país de una muy baja cultura política sobre el valor del conocimiento. Pero ello también es una evidencia clara de que, en medio de un cambio sustancial del apoyo gubernamental para invertir en estos campos, el conocimiento como política de Estado aún no ha logrado incrustarse en la sociedad ecuatoriana. Y es esto también la expresión de un conjunto de debilidades históricas que el gobierno de Correa siguió arrastrando y no supo enfrentar para transformar la ciencia.

La gobernanza del conocimiento en el gobierno de Correa tiene una característica similar a muchas políticas gubernamentales de otros países de América Latina. Según, hay buena gobernanza si se aumenta progresivamente el presupuesto nacional respecto al PIB, si se construyen colegios y más universidades y se aumenta progresivamente la matricula estudiantil, si hay menos analfabetas que antes, si los maestros y profesores tienen mejores sueldos en comparación con gobiernos anteriores, si se aumentan las becas de estudios nacionales principalmente en el extranjero, si se forman más doctores, si se eleva la tasa de publicación científica en revistas indexadas nacionales e internacionales, entre otras. Uno de los argumentos más utilizados por la opinión académica ecuatoriana es que ha habido buena gobernanza porque se ha aumentado la inversión pública destinada a investigación y desarrollo, la cual se encontraba en 2001 en 0,05% y ahora ronda 0,80%. Ahora bien, si en efecto la política de Correa ha sido tan efectiva, cómo explicar que Lasso cuente con respaldo popular también para desconocer y subestimar tamaña realidad.

Esta interrogante tiene una significación extremadamente relevante en las sociedades latinoamericanas. En primer lugar, porque destaca que la combinación de mayor presupuesto con una ampliación de las políticas públicas, más allá de dar resultados comparativos que benefician al gobierno de turno, no logran tocar la estructura institucional en su conjunto e impide el tránsito hacia una gobernanza de tipo “colectiva” y de largo plazo. En su lugar, los gobiernos de turno prefieren utilizar el éxito de sus políticas para poder legitimarse en el espacio político, básicamente de quienes lo apoyan. En consecuencia, la ciencia no se libera de ser un asunto político-ideológico. Pareciera que este ha sido uno de los errores más notables que pueden observarse en la gestión del gobierno de Correa.

Incluso, uno podría ir más allá. Los posibles logros de Correa respecto a la gobernanza del conocimiento no pueden medirse aún como resultados de sus propias políticas, porque las mismas no han dejado de superar la fase de “esfuerzos en la formulación e implementación de políticas”. No es verdad que Ecuador ya no depende del petróleo como antes y no es absolutamente cierto que se tengan mejores investigadores de los que se tenían antes o que haya mejorado la calidad de todo el sistema de investigación del país. Todavía persisten problemas relevantes que limitan la productividad académica y de investigación. Los resultados de las políticas de Correa, si son sostenibles, solo mostrarán su impacto real en el largo plazo.

Al igual que la mayoría de los políticos en América Latina, Ecuador es afectado por un analfabetismo científico. Todavía deambulan políticos que habiendo en su país algo de ciencia no saben qué hacer con ella. Si algo pareciera razonable para reducir el impacto negativo del analfabetismo científico en las circunstancias electorales y políticas actuales de Ecuador es el poder avanzar cuanto antes hacia el logro de un “gran pacto nacional” por la ciencia, la investigación y el desarrollo. Allí debieran confluir todos los factores políticos. Urge un pacto que permita darle continuidad a las políticas que crean las condiciones para un cambio de la estructura económica y productiva ecuatoriana, pero también se requiere un pacto que acepte la rectificación sobre los errores cometidos. Se requiere un pacto que cree una valoración político-cultural de la sociedad suficiente como para que ella misma pueda aceptarlo, asimilarlo y hacerlo suyo como imperativo de progreso. Hacer efectivo este pacto marcaría un hito en la política ecuatoriana y terminaría de darle forma constitutiva a una verdadera política para la ciencia de largo plazo, pase lo que pase.